Hoy es nuestro segundo día en la montaña y mis papás parece que no tienen ninguna restricción conmigo porque me han puesto en esa cosa que tanto me gusta y donde voy colgada y se han metido en medio de una montaña a subirla y bajarla para llegar hasta un monasterio.

A mí como me no me importaba mucho y hacia un poquitín de frio me quede dormida con el sube y baja de las piernas de mi papá. El llegó agotado, pero yo fresquita como una rosa.
Despues de visitar el monasterio me llevaron en coche hasta otro pueblo por un camino de piedra que me ayudó a concilar el sueño después de hacer una buena comilona.

Ahora por la tarde, estamos sitiados en el hotel, que hay mucha niebla y sólo se escuchan a las vacas que suben y bajan por la carretera. Papá dice que no es conveniente bajar al publo así que nos hemos quedado a pasar una tranquila tarde en el hotel.



